Escondido entre los árboles estaba Rubén, apenas tenía cinco años, estaba jugando al escondite con su prima mayor.
Su madre, Sofía, había ido a llevarlos al parque y
allí estaban jugando mientras ella estaba sentada en una sombra leyendo.
De vez en cuando Sofía levantaba la vista, los miraba y seguía con su lectura. Unas veces solo veía a Amalia, otras veces a Rubén, pero pocas a los dos. Oía sus gritos, contar en bajo al lado de ella y un vooooy que por poco no la dejaba sorda. Oía sus risas.
Era el turno de Amalia, buscaba a su primo. Sonrío y
siguió leyendo. El libro estaba muy interesante y estaba deseando llegar al
final, ya la quedaba poco.
Estaba tan absorta en el libro que no oyó los gritos
de su sobrina hasta que ya la tuvo encima.
—Tía, tía, tía.
— Qué cariño ¿qué pasa?
— Tía, tía.
La niña estaba llorando, ahogada. Sofía no se asustó,
Sofía fue presa del pánico.
— Cielo ¿qué ocurre? ¿Y Rubén? ¿Dónde está Rubén?
— Tía a Rub.. A Rubén…
— ¡Qué Amalia! ¡A Rubén qué! ¡Joder!
La niña empezó a llorar más y más.
— Lo siento cariño ¿qué pasa? ¿Dónde está Rubén?
¡Rubeeeeeén, Rubeeeeén!
—Tía a Rubén se lo han llevado
—Tía a Rubén se lo han llevado
— ¿Cómo que se lo han llevado? ¿Quién? ¿Dónde está
Rubén? ¡Rubeeeeén! Dios, Amalia ¿Dónde está Rubén?
Amalia lloraba desconsoladamente. Sofía no respiraba,
estaba entrecortada, corría de un lado a otro gritando.
Rubén no aparecía.
— ¡Amalia llama a la policía! Amalia por favor,
Amalia ¿qué haces? ¿Amalia?
Su voz quebró.
Amalia sonreía, esa sonrisa era la cosa más perversa
que jamás la madre hubiese visto. Amalia era dolor, angustia, sufrimiento.
Tenía unas alas enormes desplegadas, rozando el
suelo, unas alas negras, espesas y brillantes.
Tenía sangre en los labios, en las manos, en el
cuello. Amalia sangraba.
Era desgarrador incluso mirarla.
Amalia estaba disfrutando.
El día se había vuelto noche, todo era negro, un
vacío alrededor de ellas, una oscuridad infinita.
De la garganta de la madre no salía ni un solo
sonido, quería gritar, pero no podía.
Amalia reía.
Amalia la envolvió con sus alas y la llevó lejos. Su
cuerpo se desvaneció.
Desapareció.
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