Atended pequeñas, voy a contaros
una breve historia:
Había una vez un micromundo donde
estabais todas vosotras. Vuestro hábitat estaba decorado con colores naranjas,
y toda una amplia gama de azules, desde el azul del mar, pasando por el azul
del cielo, hasta un azul cristalino, incluso un intenso azul metalizado. Todo
era muy cómodo allí. No os faltaba de nada, teníais vuestro mundo, vuestra
morada.
Todas estabais gobernadas por el
mismo "ser" pero a pesar de no ser del todo pletóricas, erais de lo más felices. Cada dos por tres
trabajabais en aquello que tanto os gustaba, disfrutabais como enanas. Y esto
sucedía con mucha frecuencia, vosotras lo llamabais "la fiesta de la
imaginación y la creatividad". Por supuesto que había sabias que os
enseñaban este increíble oficio, y que, muy a menudo, os reunían para contar
aventuras pasadas.
Aquel día, una de vosotras empezó
a contar una historia:
Hace tiempo, estando
trabajando en las actividades diarias, recibimos la orden de crear algo, reciclando
un objeto que no conocíamos. Enseguida echamos mano de los archivos pues iba a
ser regalado y esto complicaba más las cosas, pero nosotras, es con esta con la
que más a gusto trabajamos, digamos que de esto nosotras nos alimentamos,
supimos en seguida que es lo que haríamos.
El objeto era pequeño,
tenía un lado liso y otro ondulado, era como un arco pero relleno.
La más sabía de todas
nosotras, Neuromante, dijo ― ¡lo tengo!— Todas corrimos a su lado a que nos
contase cual había sido su idea. Atentamente la escuchamos, poco tardamos en
ver la sencillez, pero lo maravilloso que quedaría. Así, entre grandes
aplausos, gritos, silbidos y alabanzas, nos pusimos manos a la obra.
No recuerdo el tiempo
que nos llevó, pero sabíamos que poco tardaría en venirnos aquel baño tan
placentero. De pronto, por todos los recovecos comenzó a penetrar aquel intenso
y arrebatador olor, todas nos miramos. A aquel olor lo habíamos llamado
satisfacción.
Entre trabajo y
trabajo, esperábamos el siguiente olor, más maravilloso aun que el anterior.
Entró primero, un olor extraño, que Neuromante había llamado
"nervios", y después llegó.
¡Qué increíble
resultaba ese olor! ¡Qué maravilla! Todo estaba impregnado. Ahora todas
bailábamos de alegría. Estábamos recargadas para el siguiente reto.
Y así mis pequeñas
florecillas, acaba esta bonita historia.
Todas os mirabais asombradas por
lo sucedido, muchas de vosotras erais jóvenes, y llevabais poco tiempo, aún no
habíais disfrutado de estas gratas sensaciones.
Es como la metáfora y la verdad en Nietzsche...el instante en que emerge la metáfora es lo que cuenta...el arte y todo lo demás... Me gustó el texto...
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